La historia detrás del simit turco

El simit —el anillo de pan crujiente cubierto de semillas de sésamo tostado que es el desayuno callejero de Turquía— es uno de los alimentos más democráticos y omnipresentes de la cultura turca, con una historia que se remonta al Imperio Otomano del siglo XVI. Los primeros registros del simit aparecen en los archivos de la cocina del palacio de Topkapi en Estambul en 1525, donde se registra su producción en cantidades industriales para alimentar a los trabajadores del palacio. Con el tiempo, los "simitçi" —vendedores de simit— se convirtieron en una institución irreemplazable del paisaje urbano turco: hombres con bandejas de simit apiladas sobre la cabeza o carritos de cristal que serpentean por los bazares, puentes y avenidas de Estambul, Ankara y el resto del país, vendiendo los anillos crujientes a precio simbólico desde el amanecer.

El simit se sumerge en melaza diluida antes de recubrirse de sésamo, lo que le da su color dorado oscuro y su sabor ligeramente dulce y caramelado. La textura del simit perfecto es el resultado del equilibrio entre la firmeza de la costra de sésamo —crujiente sin ser dura— y la masticabilidad elástica del interior. En Estambul, comer un simit tibio con té negro turco en un vaso de tulipa con vistas al Bósforo es una de las experiencias cotidianas más memorables que la ciudad ofrece, un desayuno de campeones que ningún croissant ni bagel puede superar en su contexto.