La historia detrás de la kofta de cordero libanesa con melaza de granada

La kofta —carne picada amasada con especias y formada en cilindros, bolas o patties— es una de las preparaciones de carne más antiguas del mundo, con referencias documentadas en manuscritos de cocina persa del siglo XIII y en tradiciones culinarias que se extienden desde el norte de África hasta el subcontinente indio. La versión libanesa se distingue por su combinación de cordero picado con cebollas ralladas, perejil, pimienta de Jamaica, canela y comino —una mezcla de especias que refleja la posición geográfica del Líbano como encrucijada de rutas comerciales entre Oriente y Occidente. El Líbano fue durante siglos parte del Imperio Otomano, que a su vez heredó y perfeccionó las tradiciones culinarias persas, árabes y mediterráneas, y esta acumulación de influencias se refleja en la complejidad especiada de su kofta.

La melaza de granada —"dibs al-rumman"— que acompaña a la kofta es uno de los ingredientes más antiguos y fascinantes de la cocina del Levante. Las granadas han sido cultivadas en Oriente Medio desde hace más de 5.000 años y son mencionadas en el Antiguo Testamento, el Corán y los escritos de Plinio el Viejo como símbolo de fertilidad y abundancia. La melaza de granada, obtenida reduciendo el jugo de granada hasta una consistencia espesa y agridulce, es el condimento que transforma la kofta de un plato de especias cálidas en algo verdaderamente complejo: su acidez profunda contrasta con la grasa del cordero de una manera que el limón no puede replicar.