La historia detrás del sofrito dominicano

El sofrito es la columna vertebral aromática de la cocina del Caribe hispano: esa base fragante de ajo, cebolla, pimientos, culantro y orégano que precede prácticamente a cualquier plato de arroz, frijoles, carne o sopas en las cocinas dominicanas, puertorriqueñas y cubanas. La palabra "sofrito" viene del español "sofreír" —freír ligeramente— y describe la técnica de cocinar lentamente estas aromáticas en aceite para que liberen sus esencias antes de añadir los ingredientes principales. El sofrito español original, traído por los colonizadores, era más sencillo: tomate, ajo y aceite de oliva. En el Caribe, se enriqueció con los ingredientes del Nuevo Mundo —ajíes, culantro, ají caballero— creando algo completamente nuevo y extraordinariamente aromático.

El sofrito dominicano —también llamado "sazón" o "recao" según la región— se distingue del puertorriqueño por la mayor presencia del culantro (Eryngium foetidum), una hierba de sabor más intenso que el cilantro común y característica de la cocina caribeña. En la diáspora dominicana en Nueva York, el aroma del sofrito cocinándose en el aceite es el olor del hogar: la señal que anuncia que hay una buena comida en camino. Hoy el sofrito se vende embotellado en los supermercados latinos de todo el mundo, pero ninguna versión industrial se acerca al sofrito fresco preparado en casa con todo el amor y la generosidad aromática que solo un buen molcajete o licuadora pueden conseguir.