La historia detrás del pollo cremoso al ajo

El ajo y el pollo son una de las combinaciones más antiguas y universales de la historia culinaria. El ajo —Allium sativum— fue cultivado por primera vez en Asia Central hace más de 5.000 años y desde entonces ha sido un ingrediente fundamental en prácticamente todas las cocinas del mundo, valorado tanto por sus propiedades medicinales como por su capacidad para transformar cualquier plato con su aroma penetrante y su sabor profundo. Los romanos lo consideraban esencial para la salud de los soldados; en la Edad Media europea se le atribuían poderes protectores contra los vampiros y las enfermedades; y en la medicina ayurvédica india sigue siendo uno de los ingredientes terapéuticos más importantes.

La salsa cremosa al ajo —una mezcla de mantequilla, ajo, caldo y crema de leche que se ha convertido en una de las preparaciones más reconfortantes de la cocina occidental— tiene sus raíces en la escuela clásica francesa, donde las "salsas à la crème" eran un pilar de la haute cuisine del siglo XIX. La democratización de la crema fresca y la mantequilla en el siglo XX llevó estas técnicas a las cocinas domésticas de todo el mundo, creando una categoría de recetas de "pollo cremoso" que hoy es omnipresente en los libros de cocina familiar de Europa, América y más allá.